martes, 14 de julio de 2015

Un historiador económico: Luis Peñaloza


Los pilares grises del antiguo Banco Central de Bolivia diseñados por el arquitecto Emilio Villanueva, se encontraban en desventaja ante la grandiosidad del magnífico edificio del Banco Mercantil, y no por los diseños que estuvieron en manos del diseñador Ismael Sotomayor, sino por el peso institucional que este tenia. En tiempos de economía liberal, el Banco Mercantil, en manos de Simón Patiño, tenía más peso que el Banco Central, el cual pertenecía a un Estado deslucido. Lo que invirtió las cosas fue la Revolución Nacional de 1952, fecha desde el cual las magnificencia del Banco Central creció ya que el Estado tomó las riendas de la economía nacional con la aplicación de una política keynesiana. 
Con los revolucionarios en el poder a partir de 1952, se inauguraba una nueva era en la economía boliviana. El Banco Central vio pasar a siete presidentes en la época de la entonces Revolución Nacional. Dichos directivos fueron: Armando Pinell Centellas, Franklin Antezana Paz, Luis Peñaloza Cordero, Eufronio Hinojosa Guzmán, Humberto Fossati Rocha y Raúl Lema Peláez.  
Sin embargo el personaje que nos interesa estudiar es el del economista Luis Peñaloza Cordero, presidente de la principal institución emisaria de circulante del país entre los años 1957 y 1960. De talante financiero destacado, el presidente de Bolivia de ese entonces, el doctor Hernán Siles Zuazo, había elegido a Peñaloza para que presidiera el Banco Central en un momento crucial: administrar las políticas financieras de la misión de Jackson Eder en dicha institución emisaria de moneda para así paliar el mercado negro del dólar que se había formado en 1956 a raíz de la crisis inflacionaria de dicho año.
El gobernante Hernán Siles Zuazo lo había elegido no sólo para presidir el Banco Central en momentos dificultosos, sino, por sus conocimientos detallados de la economía boliviana. Y es que Siles necesitaba no sólo de una persona conocedora de temas financieros para manejar la emisión monetaria en el país, sino tener un requisito indispensable: que debía conocer la economía nacional de pies a cabeza.
¿De cómo sabía Siles Zuazo que Peñaloza podía conocer la radiografía económica del país?, sin duda alguna por el material que Luis Peñaloza Cordero había dejado postrado en las librerías y estanterías archivísticas del país: sus libros de historia económica.
Luis Peñaloza había escrito libros destacados, como su obra magnánima; Historia Económica de Bolivia, del año 1946, la misma que sería reeditada en 1953, 1954, 1981 y 1984, ya bajo el titulo de Nueva Historia Económica de Bolivia.  Dicho texto, junto con el de Historia Financiera de Bolivia, de Casto Rojas, son los libros más destacados para entender la realidad histórica económica de Bolivia. Dichos estudios amplían el conocimiento sobre periodos como el coloniaje, el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en Bolivia.
Luis Peñaloza Cordero inició sus publicaciones e indagaciones en los temas concernientes a la historia económica de Bolivia a partir de las huellas que dejo la misión de Marvin Bohan en 1942. En términos prácticos, para encontrar los orígenes de los grupos de estudiosos que analizaban la historia económica boliviana, he catalogado dos grupos de estudiosos de la realidad histórica económica de la primera mitad del siglo XX, la de Edwin Kemmerer, la misma que dejo analistas nacionales destacados de la historia económica como la de los estudiosos Jorge Pando Gutiérrez, Jorge Palenque y el ingeniero Néstor Adriázola, y finalmente, la de Marvin Bohan, con economistas como Franklin Antezana y Luis Peñaloza Cordero.   
Un hito en los economistas formados por la escuela que dejo Marvin Bohan, es la Monografía Económica que escribió Luis Peñaloza Cordero para la Colección La Paz en su IV Centenario, el mismo que fue editado en 1947, y publicado en 1948, con motivo de la celebración de los cuatrocientos años de la fundación de La Paz.  Peñaloza analizó la historia económica del departamento de La Paz en un trabajo descomunal que hizo para la Comisión del Cuarto Centenario de la Fundación de La Paz.   
En dicho texto, el análisis histórico económico esta repartido en ocho capítulos: importancia de La Paz en la economía nacional, la industria fabril, La industria minera, agricultura y ganadería, comercio, vialidad - transportes - comunicaciones, la economía bancaria y el departamento y los ingresos fiscales. Para desarrollar un mejor análisis de la obra de Peñaloza en la Monográfica Económica que hizo al departamento de La Paz, vamos a aplicar la metodología de análisis comparativo entre este estudio, y los textos de la generación de historiadores y analistas económicos de la era Kemmerer.
Para empezar, debemos notar el grado de profesionalidad existente para abarcar dichos temas. En 1928, cuando la misión Kemmerer operó en Bolivia,  el “doctor Money” no sólo encontró problemas nocivos en temas estadísticos y financieros de la realidad económica boliviana, sino que también verificó un mal colateral: no habían especialistas en el tema que puedan conocer con celeridad el ámbito académico de la economía en suelos bolivianos. La revista Bolivia Económica, creada en 1931, a dos años de la llegada del doctor Edwin Kemmerer a Bolivia, expone temas financieros con soltura pero sin la especialización requerida. Su director, Néstor Adriázola, no ejerce la profesión de economista, sino la de ingeniero. Pese a ello, dicha revista recoge los primeros análisis económicos profesionales en Bolivia, y que de alguna forma mantiene el interés en estudiar los registros económicos de Bolivia en años anteriores. La revista recoge impresiones como la del mismo Dr. Edwin Kemmerer, en su artículo El patrón de oro. A la luz de los acontecimientos posteriores a la guerra (Kemmerer, 1931), o datos estadísticos de personas provenientes de la escuela de Kemmerer, como el demógrafo Jorge Palenque, en ese entonces Director de la Oficina Nacional de Estadística. Las apreciaciones de Palenque son destacadas, ya que recoge un análisis pormenorizado de la evolución de la población boliviana entre los años 1796, 1831, 1846, 1854, 1882 y 1900, en un artículo titulado La Población de Bolivia. La demografía, uno de los temas de interés de la historia económica (Palenque, 1931), esta presente de forma académica en el trabajo de Palenque. La datación estadística esta planteada en la revista Bolivia Económica, a través de un destacado censo de motorizados en toda Bolivia para el año 1931, trabajo por cierto desarrollado por el ingeniero Néstor Adriázola.
Con un grado de profesionalidad empírico pero destacado en la edición de la revista Bolivia Económica, para 1947, fecha en que Luis Peñaloza Cordero entregaba su Monografía Económica al Comité Pro Centenario de la Fundación de La Paz, dicho autor siguió esa línea conductora de sus predecesores al incluir datos estadísticos y análisis económicos de la realidad paceña. Peñaloza incluye datos no por nada menos destacables sobre la realidad bancaria de La Paz, a partir de datos precisos de los años 1940 a 1946, mostrando un interés por la situación de los capitales pasivos y activos en las instituciones financieras. El historiador económico francés, Jean Bouvier, describía que “no hay historia económica sin conocimiento económicos” (Bouvier, 1974), y es que Luis Peñaloza, en el apartado sobre industrias paceñas, no analiza la realidad socioeconómica desde las palabras o las teorías marxistas de aproximación laboral, sino que lo hace desde los números, desde los conceptos de ingreso fijo que cada trabajador tenía en los centros industriales que se formaron en la ciudad de La Paz de la década de los cuarentas, a raíz de la inversión en tres áreas destacadas: construcción, textiles y bebidas.
Su análisis de la situación laboral lo llevo a analizar el movimiento de tecnología y sueldos laborales entre los años 1934 y 1945, un decenio no por nada despreciable,  más aun si situamos a Bolivia en el contexto posterior del Crack de 1929 y la caída de los precios del estaño. Es a raíz de esta situación que los datos de Peñaloza son destacados, ya que el país, pese a los embates y ciclos económicos en bajada, en lo que se refiere a minería, no afectó considerablemente al sector de la construcción o el textil. Por ejemplo, gracias a los estudios de Peñaloza, se puede especificar que la inversión en construcción, en la ciudad de La Paz, aumentó considerablemente, donde la prueba de ello es la movilidad de capitales de Perú hacia Bolivia en 1941, con la adquisición de la Sociedad Boliviana de Cemento por parte de la Casa Grace del Perú. Otro sector, fue el textil, situación destacada en la industria paceña, tomando en consideración las gigantescas factorías construidas en la zona de Villa Victoria y Achachicala a manos de inversores extranjeros como las Casas Said, Forno y Soligno, a fines del veinte y mediados del treinta del siglo XX (Peñaloza, 1948)  
Es también en dicha publicación, donde Peñaloza saca su espíritu de que se hace patria a partir del desarrollo industrial. Al igual que Sergio Almaraz recogía el espíritu industrial de Mariano Peró y su factoría metalúrgica de estaño de Funestaño, Luis Peñaloza Cordero también es un admirador del espíritu emprendedor de los varones y mujeres de este país. En el texto de la Monografía Económica, destaca la labor de empresarios emprendedores como el minero Rafael Taborga, en el que destaca su oficio de crear una economía de escala al diversificar sus intereses económicos hacia otras áreas y generar industrias:
“y en el mismo periodo pudo contarse, gracias al espíritu de empresa del industrial minero Rafael Taborga, con una moderna fábrica de cartones, una verdadera fábrica de muebles que fué una de las primeras maestranzas de madera en escala industrial, y la fábrica de velas La Victoria”. 
(Peñaloza: 1948: 35)
La obra de Peñaloza es más incisiva y certera que la de sus predecesores. La formación de economista lo llevó a realizar incursiones no sólo en el mundo académico, sino en el político. La otra faceta de Peñaloza es el del fiel partidario al Movimiento Nacionalista Revolucionario ya sea en funciones de gobierno y militante. Ello hizo que para el año 1962, en conmemoración de los diez años de la Revolución del 9 de abril de 1952, el Director Nacional de Informaciones del momento, Jacobo Libermann, le pidiese realizar todo el bosquejo económico de Bolivia en el periodo 1952 – 1962, publicándose así el texto, Bolivia: 10 años de revolución, editado en abril de 1962. Peñaloza se encargaría de analizar y realizar las concepciones numéricas y analíticas de uno de los capítulos de dicha publicación, Industria: Un esfuerzo para mejorar la estructura económica del país. Al igual que en la Monografía Económica de 1948, dicho autor elabora un bosquejo de las inversiones estatales en el sector industrial a través de datos históricos que abarcan a una década, y de su comparativa con otros años. Es gracias a dicha investigación, que el investigador, por ejemplo, se adentra a las proyecciones econométricas de la producción de azúcar entre los años 1949 y 1961, y de cómo esta aumentó considerablemente de la pequeña producción azucarera de 249 toneladas producida en el país en 1949, a la espectacular cifra de las 41152 toneladas de azúcar elaboradas en Bolivia en el año 1961.    

En fin, la obra de Luis Peñaloza Cordero es destacada por sus análisis certeros de la época, y por la búsqueda de constituir una historia económica en base a datos numéricos y análisis exponenciales en ciertos procesos históricos. La misión de Marvin Bohan nos dejo un grupo que plantearía un segundo intento de hacer historia económica en Bolivia después del grupo de analistas formados en 1928 con la llegada de Edwin Kemmerer. He aquí un dato destacado y especifico, el desarrollo de la historia económica como materia de análisis económico de los procesos y ciclos económicos, tuvo su momento de mayor logro con cada misión financiera que llego al país, si tomamos en cuenta las misiones mas trascendentales del siglo XX en Bolivia: Edwin Kemmerer (1928), Marvin Bohan (1942) y Richard Mundgrave (1976). 

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