Los pilares grises del antiguo Banco
Central de Bolivia diseñados por el arquitecto Emilio Villanueva, se
encontraban en desventaja ante la grandiosidad del magnífico edificio del Banco
Mercantil, y no por los diseños que estuvieron en manos del diseñador Ismael
Sotomayor, sino por el peso institucional que este tenia. En tiempos de
economía liberal, el Banco Mercantil, en manos de Simón Patiño, tenía más peso
que el Banco Central, el cual pertenecía a un Estado deslucido. Lo que invirtió
las cosas fue la Revolución Nacional de 1952, fecha desde el cual las
magnificencia del Banco Central creció ya que el Estado tomó las riendas de la
economía nacional con la aplicación de una política keynesiana.
Con los revolucionarios en el poder a
partir de 1952, se inauguraba una nueva era en la economía boliviana. El Banco
Central vio pasar a siete presidentes en la época de la entonces Revolución
Nacional. Dichos directivos fueron: Armando Pinell Centellas, Franklin Antezana
Paz, Luis Peñaloza Cordero, Eufronio Hinojosa Guzmán, Humberto Fossati Rocha y
Raúl Lema Peláez.
Sin embargo el personaje que nos
interesa estudiar es el del economista Luis Peñaloza Cordero, presidente de la
principal institución emisaria de circulante del país entre los años 1957 y
1960. De talante financiero destacado, el presidente de Bolivia de ese
entonces, el doctor Hernán Siles Zuazo, había elegido a Peñaloza para que
presidiera el Banco Central en un momento crucial: administrar las políticas
financieras de la misión de Jackson Eder en dicha institución emisaria de
moneda para así paliar el mercado negro del dólar que se había formado en 1956
a raíz de la crisis inflacionaria de dicho año.
El gobernante Hernán Siles Zuazo lo
había elegido no sólo para presidir el Banco Central en momentos dificultosos,
sino, por sus conocimientos detallados de la economía boliviana. Y es que Siles
necesitaba no sólo de una persona conocedora de temas financieros para manejar
la emisión monetaria en el país, sino tener un requisito indispensable: que debía
conocer la economía nacional de pies a cabeza.
¿De cómo sabía Siles Zuazo que
Peñaloza podía conocer la radiografía económica del país?, sin duda alguna por
el material que Luis Peñaloza Cordero había dejado postrado en las librerías y
estanterías archivísticas del país: sus libros de historia económica.
Luis Peñaloza había escrito libros
destacados, como su obra magnánima; Historia
Económica de Bolivia, del año 1946, la misma que sería reeditada en 1953,
1954, 1981 y 1984, ya bajo el titulo de Nueva
Historia Económica de Bolivia. Dicho
texto, junto con el de Historia
Financiera de Bolivia, de Casto Rojas, son los libros más destacados para
entender la realidad histórica económica de Bolivia. Dichos estudios amplían el
conocimiento sobre periodos como el coloniaje, el siglo XIX y la primera mitad
del siglo XX en Bolivia.
Luis Peñaloza Cordero inició sus
publicaciones e indagaciones en los temas concernientes a la historia económica
de Bolivia a partir de las huellas que dejo la misión de Marvin Bohan en 1942.
En términos prácticos, para encontrar los orígenes de los grupos de estudiosos
que analizaban la historia económica boliviana, he catalogado dos grupos de
estudiosos de la realidad histórica económica de la primera mitad del siglo XX,
la de Edwin Kemmerer, la misma que dejo analistas nacionales destacados de la
historia económica como la de los estudiosos Jorge Pando Gutiérrez, Jorge
Palenque y el ingeniero Néstor
Adriázola, y finalmente, la de Marvin Bohan, con economistas como Franklin Antezana y Luis Peñaloza Cordero.
Un hito en los economistas formados
por la escuela que dejo Marvin Bohan, es la Monografía
Económica que escribió Luis Peñaloza Cordero para la Colección La Paz en su IV Centenario, el mismo que
fue editado en 1947, y publicado en 1948, con motivo de la celebración de los
cuatrocientos años de la fundación de La Paz.
Peñaloza analizó la historia económica del departamento de La Paz en un
trabajo descomunal que hizo para la Comisión
del Cuarto Centenario de la Fundación de La Paz.
En dicho texto, el análisis histórico
económico esta repartido en ocho capítulos: importancia
de La Paz en la economía nacional, la
industria fabril, La industria minera,
agricultura y ganadería, comercio, vialidad - transportes - comunicaciones, la economía bancaria y el
departamento y los ingresos fiscales. Para desarrollar un mejor análisis de
la obra de Peñaloza en la Monográfica
Económica que hizo al departamento de La Paz, vamos a aplicar la
metodología de análisis comparativo entre este estudio, y los textos de la
generación de historiadores y analistas económicos de la era Kemmerer.
Para empezar, debemos notar el grado
de profesionalidad existente para abarcar dichos temas. En 1928, cuando la
misión Kemmerer operó en Bolivia, el
“doctor Money” no sólo encontró problemas nocivos en temas estadísticos y
financieros de la realidad económica boliviana, sino que también verificó un
mal colateral: no habían especialistas en el tema que puedan conocer con
celeridad el ámbito académico de la economía en suelos bolivianos. La revista Bolivia Económica, creada en 1931, a dos
años de la llegada del doctor Edwin Kemmerer a Bolivia, expone temas
financieros con soltura pero sin la especialización requerida. Su director, Néstor Adriázola, no ejerce la profesión
de economista, sino la de ingeniero. Pese a ello, dicha revista recoge los
primeros análisis económicos profesionales en Bolivia, y que de alguna forma
mantiene el interés en estudiar los registros económicos de Bolivia en años
anteriores. La revista recoge impresiones como la del mismo Dr. Edwin Kemmerer,
en su artículo El patrón de oro. A la luz
de los acontecimientos posteriores a la guerra (Kemmerer, 1931), o datos estadísticos de personas
provenientes de la escuela de Kemmerer, como el demógrafo Jorge Palenque, en ese entonces Director de la Oficina Nacional de
Estadística. Las apreciaciones de Palenque son destacadas, ya que recoge un
análisis pormenorizado de la evolución de la población boliviana entre los años
1796, 1831, 1846, 1854, 1882 y 1900, en un artículo titulado La Población de Bolivia. La demografía,
uno de los temas de interés de la historia económica (Palenque, 1931), esta
presente de forma académica en el trabajo de Palenque. La datación estadística
esta planteada en la revista Bolivia
Económica, a través de un destacado censo de motorizados en toda Bolivia
para el año 1931, trabajo por cierto desarrollado por el ingeniero Néstor
Adriázola.
Con un grado de profesionalidad
empírico pero destacado en la edición de la revista Bolivia Económica, para
1947, fecha en que Luis Peñaloza Cordero entregaba su Monografía Económica al Comité
Pro Centenario de la Fundación de La Paz, dicho autor siguió esa línea conductora de sus predecesores al incluir datos
estadísticos y análisis económicos de la realidad paceña. Peñaloza incluye
datos no por nada menos destacables sobre la realidad bancaria de La Paz, a
partir de datos precisos de los años 1940 a 1946, mostrando un interés por la
situación de los capitales pasivos y activos en las instituciones financieras.
El historiador económico francés, Jean Bouvier, describía que “no hay historia
económica sin conocimiento económicos” (Bouvier, 1974), y es que Luis Peñaloza,
en el apartado sobre industrias paceñas, no analiza la realidad socioeconómica
desde las palabras o las teorías marxistas de aproximación laboral, sino que lo
hace desde los números, desde los conceptos de ingreso fijo que cada trabajador
tenía en los centros industriales que se formaron en la ciudad de La Paz de la
década de los cuarentas, a raíz de la inversión en tres áreas destacadas:
construcción, textiles y bebidas.
Su análisis de la situación laboral lo
llevo a analizar el movimiento de tecnología y sueldos laborales entre los años
1934 y 1945, un decenio no por nada despreciable, más aun si situamos a Bolivia en el contexto
posterior del Crack de 1929 y la caída de los precios del estaño. Es a raíz de
esta situación que los datos de Peñaloza son destacados, ya que el país, pese a
los embates y ciclos económicos en bajada, en lo que se refiere a minería, no
afectó considerablemente al sector de la construcción o el textil. Por ejemplo,
gracias a los estudios de Peñaloza, se puede especificar que la inversión en
construcción, en la ciudad de La Paz, aumentó considerablemente, donde la
prueba de ello es la movilidad de capitales de Perú hacia Bolivia en 1941, con
la adquisición de la Sociedad Boliviana
de Cemento por parte de la Casa Grace
del Perú. Otro sector, fue el textil, situación destacada en la industria
paceña, tomando en consideración las gigantescas factorías construidas en la
zona de Villa Victoria y Achachicala a manos de inversores extranjeros como las
Casas Said, Forno y Soligno, a fines
del veinte y mediados del treinta del siglo XX (Peñaloza, 1948)
Es también en dicha publicación, donde
Peñaloza saca su espíritu de que se hace patria a partir del desarrollo
industrial. Al igual que Sergio Almaraz recogía el espíritu industrial de
Mariano Peró y su factoría metalúrgica de estaño de Funestaño, Luis Peñaloza
Cordero también es un admirador del espíritu emprendedor de los varones y
mujeres de este país. En el texto de la Monografía Económica, destaca la labor
de empresarios emprendedores como el minero Rafael Taborga, en el que destaca
su oficio de crear una economía de escala al diversificar sus intereses
económicos hacia otras áreas y generar industrias:
“y en el mismo periodo pudo contarse, gracias al espíritu
de empresa del industrial minero Rafael Taborga, con una moderna fábrica de
cartones, una verdadera fábrica de muebles que fué una de las primeras
maestranzas de madera en escala industrial, y la fábrica de velas La
Victoria”.
(Peñaloza: 1948: 35)
La obra de Peñaloza es más incisiva y
certera que la de sus predecesores. La formación de economista lo llevó a
realizar incursiones no sólo en el mundo académico, sino en el político. La
otra faceta de Peñaloza es el del fiel partidario al Movimiento Nacionalista
Revolucionario ya sea en funciones de gobierno y militante. Ello hizo que para
el año 1962, en conmemoración de los diez años de la Revolución del 9 de abril
de 1952, el Director Nacional de Informaciones del momento, Jacobo Libermann, le pidiese realizar
todo el bosquejo económico de Bolivia en el periodo 1952 – 1962, publicándose
así el texto, Bolivia: 10 años de
revolución, editado en abril de 1962. Peñaloza se encargaría de analizar y
realizar las concepciones numéricas y analíticas de uno de los capítulos de
dicha publicación, Industria: Un esfuerzo
para mejorar la estructura económica del país. Al igual que en la
Monografía Económica de 1948, dicho autor elabora un bosquejo de las
inversiones estatales en el sector industrial a través de datos históricos que
abarcan a una década, y de su comparativa con otros años. Es gracias a dicha
investigación, que el investigador, por ejemplo, se adentra a las proyecciones
econométricas de la producción de azúcar entre los años 1949 y 1961, y de cómo
esta aumentó considerablemente de la pequeña producción azucarera de 249
toneladas producida en el país en 1949, a la espectacular cifra de las 41152
toneladas de azúcar elaboradas en Bolivia en el año 1961.
En fin, la obra de Luis Peñaloza
Cordero es destacada por sus análisis certeros de la época, y por la búsqueda
de constituir una historia económica en base a datos numéricos y análisis
exponenciales en ciertos procesos históricos. La misión de Marvin Bohan nos
dejo un grupo que plantearía un segundo intento de hacer historia económica en
Bolivia después del grupo de analistas formados en 1928 con la llegada de Edwin
Kemmerer. He aquí un dato destacado y especifico, el desarrollo de la historia
económica como materia de análisis económico de los procesos y ciclos
económicos, tuvo su momento de mayor logro con cada misión financiera que llego
al país, si tomamos en cuenta las misiones mas trascendentales del siglo XX en
Bolivia: Edwin Kemmerer (1928), Marvin Bohan (1942) y Richard Mundgrave (1976).

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