martes, 14 de julio de 2015

La guerra que perdimos por tener un solo banco

Un 20 de octubre de 1904 las paredes de abobe del Honorable Congreso Nacional se cernían sobre un tratado firmado con Chile. Ahí en ese momento el país se cerraba del mundo, omitiéndose de las aguas bravas del Océano Pacifico. ¿Perdimos la guerra por la vía diplomática y los caminos pedregosos de la Guerra?
La situación de Bolivia ante dicho conflicto se resume en una palabra: perdimos la guerra por un factor económico, pero no por con un tema comercial con el Imperio Británico, o las tesis que se han venido sosteniendo entorno a esta idea. Perdimos por la fragilidad económica de nuestro país, aquel que no se podía batir a las fuerzas metálicas de las libras esterlinas.
Para 1879, fecha en que las costas de Atacama estaban siendo invadidas por las armas y cañones del país de la estrella solitaria, estrella blanca empapada en azul que se autogobernaba por la fuerza y no por la razón, Bolivia tan sólo poseía un banco operable que emitió un préstamo necesario para el país en tiempos de necesidad ante la invasión del enemigo: el Banco Nacional de Bolivia. Concebido en 1867 bajo el nombre de Banco Boliviano, y modificada su personería jurídica en 1871, para el año siguiente el Banco Nacional de Bolivia entraba en escena convirtiéndose en la primera institución bancaría moderna que todavía se dejaba guiar por la corriente monetarista (Peñaloza, 1948). Hasta la creación del Banco de la Nación de Bolivia en 1914, Bolivia vivió entre 1871 y 1914 bajo los designios de la corriente monetarista, la misma que llegaría a su ocaso en 1914, para sepultarse definitivamente en 1928 con la creación del Banco Central de Bolivia a manos del “genio” de la Universidad de Princeton, el economista Edwin Kemmerer.   
El Banco Nacional de Bolivia, concebido bajo el olor fuerte que emanaba la plata potosina en medio de socavones centenarios, era el primer intento de modernizar el sistema financiero boliviano a partir de la banca privada, lejos de los fallidos intentos de 1867 y de la escasa participación histórica del Crédito Hipotecario de Bolivia en 1869.  El Banco Boliviano fue creado en 1869 a partir de la Crisis Presupuestaria de Bolivia del año 1866, el mismo que permitió la llegada de nuevas cotas de inversión al país a través de la adquisición de un préstamo del Banco Garantizador y de Valores de Chile (La Época, 1866), desembolso que inició al país en el sistema de deudas internacionales en el aspecto financiero.  

Cuando empezó el conflicto de la Guerra del Pacífico, tan sólo el Banco Nacional de Bolivia estaba en condiciones de emitir un préstamo al gobierno central para paliar el tema armamentístico. Dicho préstamo ascendió a la cifra de 600 mil bolivianos de la época, situación que no mejoraría ya que los pagos al estado fueron extenuantes (Peñaloza, 1948).
Para 1879, el país transandino tenía un total de 9 entidades financieras. El estado chileno, por medio del decreto número 100 del año 1878, convocaría para que dichas instituciones le prestasen al gobierno la suficiente cantidad de dinero para paliar la Crisis  Financiera  de 1878, en Chile. Para 1879, con motivo del inicio de acciones bélicas entre ambas naciones, el estado chileno decretó que las 12 entidades financieras redujeran su tasa de interés en préstamos al estado (SBIF, 2013).
Las entidades financieras del país transandino fueron: Banco Agrícola, Banco Mobiliario, Banco de la Unión, Banco de la Alianza, Banco de Ossa i Ca., Banco Consolidado, Banco Nacional de Chile, Banco de D. Matte i Ca., y Banco de A. Edwards i Ca.

Chile no sólo estaba militarmente preparado para la guerra bélica que iba a desafiar la bandera de la estrella blanca ensimismada en su azul periférico contra los estandartes tricolores de Bolivia o el color sangre y blanco del Perú. Con el poder de la moneda circulando en su economía, con ese sonido metálico sosteniendo las pasiones comerciales de los hombres, Chile a la hora de la verdad pudo paliar la situación de la crisis bélica con sus nueve bancos prestamistas, mientras que Bolivia no sólo estaba desarmada a nivel bélico, sino lo peor, estaba desvalida en sus arcas. Bolivia estaba lejos de poder competir contra un país chileno que se dejo guiar por el sonido ensordecedor de las monedas no sólo a partir de la Misión Francesa de Jean Gustave Courcelle - Seneuil en 1851, sino por los envíos de divisas de los miles de chilenos que vivían en Little Chile, en San Francisco, en las costas californianas recién adquiridas por Estados Unidos a México, en medio de las riñas entre diversas nacionalidades en una ciudad que bordeaba las 150 mil almas bajo el resplandor del Oro Californiano.   


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