Un
20 de octubre de 1904 las paredes de abobe del Honorable Congreso Nacional se
cernían sobre un tratado firmado con Chile. Ahí en ese momento el país se
cerraba del mundo, omitiéndose de las aguas bravas del Océano Pacifico. ¿Perdimos
la guerra por la vía diplomática y los caminos pedregosos de la Guerra?
La
situación de Bolivia ante dicho conflicto se resume en una palabra: perdimos la
guerra por un factor económico, pero no por con un tema comercial con el
Imperio Británico, o las tesis que se han venido sosteniendo entorno a esta
idea. Perdimos por la fragilidad económica de nuestro país, aquel que no se
podía batir a las fuerzas metálicas de las libras esterlinas.
Para
1879, fecha en que las costas de Atacama estaban siendo invadidas por las armas
y cañones del país de la estrella solitaria, estrella blanca empapada en azul
que se autogobernaba por la fuerza y no por la razón, Bolivia tan sólo poseía
un banco operable que emitió un préstamo necesario para el país en tiempos de
necesidad ante la invasión del enemigo: el Banco
Nacional de Bolivia. Concebido en 1867 bajo el nombre de Banco Boliviano, y modificada su
personería jurídica en 1871, para el año siguiente el Banco Nacional de Bolivia entraba en escena convirtiéndose en la
primera institución bancaría moderna que todavía se dejaba guiar por la
corriente monetarista (Peñaloza, 1948). Hasta la creación del Banco de la Nación de Bolivia en 1914,
Bolivia vivió entre 1871 y 1914 bajo los designios de la corriente monetarista,
la misma que llegaría a su ocaso en 1914, para sepultarse definitivamente en
1928 con la creación del Banco Central de
Bolivia a manos del “genio” de la Universidad de Princeton, el economista Edwin Kemmerer.
El
Banco Nacional de Bolivia, concebido
bajo el olor fuerte que emanaba la plata potosina en medio de socavones
centenarios, era el primer intento de modernizar el sistema financiero
boliviano a partir de la banca privada, lejos de los fallidos intentos de 1867
y de la escasa participación histórica del Crédito
Hipotecario de Bolivia en 1869. El Banco Boliviano fue creado en 1869 a
partir de la Crisis Presupuestaria de
Bolivia del año 1866, el mismo que permitió la llegada de nuevas cotas de
inversión al país a través de la adquisición de un préstamo del Banco Garantizador y de Valores de Chile (La
Época, 1866), desembolso que inició al país en el sistema de deudas
internacionales en el aspecto financiero.
Cuando
empezó el conflicto de la Guerra del Pacífico, tan sólo el Banco Nacional de Bolivia estaba en condiciones de emitir un
préstamo al gobierno central para paliar el tema armamentístico. Dicho préstamo
ascendió a la cifra de 600 mil bolivianos de la época, situación que no
mejoraría ya que los pagos al estado fueron extenuantes (Peñaloza, 1948).
Para
1879, el país transandino tenía un total de 9 entidades financieras. El estado chileno, por medio del decreto número 100 del año 1878, convocaría para que dichas
instituciones le prestasen al gobierno la suficiente cantidad de dinero para paliar
la Crisis
Financiera de 1878, en Chile. Para 1879, con motivo
del inicio de acciones bélicas entre ambas naciones, el estado chileno decretó
que las 12 entidades financieras redujeran su tasa de interés en préstamos al
estado (SBIF, 2013).
Las
entidades financieras del país transandino fueron: Banco Agrícola, Banco
Mobiliario, Banco de la Unión, Banco de la Alianza, Banco de Ossa i Ca., Banco
Consolidado, Banco Nacional de Chile, Banco de D. Matte i Ca., y Banco de A. Edwards i Ca.
Chile
no sólo estaba militarmente preparado para la guerra bélica que iba a desafiar
la bandera de la estrella blanca ensimismada en su azul periférico contra los
estandartes tricolores de Bolivia o el color sangre y blanco del Perú. Con el
poder de la moneda circulando en su economía, con ese sonido metálico
sosteniendo las pasiones comerciales de los hombres, Chile a la hora de la
verdad pudo paliar la situación de la crisis bélica con sus nueve bancos
prestamistas, mientras que Bolivia no sólo estaba desarmada a nivel bélico,
sino lo peor, estaba desvalida en sus arcas. Bolivia estaba lejos de poder
competir contra un país chileno que se dejo guiar por el sonido ensordecedor de
las monedas no sólo a partir de la Misión Francesa de Jean Gustave Courcelle - Seneuil en 1851, sino por los envíos de
divisas de los miles de chilenos que vivían en Little Chile, en San Francisco, en las costas californianas recién
adquiridas por Estados Unidos a México, en medio de las riñas entre diversas
nacionalidades en una ciudad que bordeaba las 150 mil almas bajo el resplandor
del Oro Californiano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario