lunes, 20 de julio de 2015

Conferencia de Historia Económica se desarrolló con éxito

La Conferencia de Historia Económica “Historia del Banco Central de Bolivia: Misión Kemmerer”, desarrollado el día miércoles 15 de julio de 2015, en instalaciones de la Casa Marcelo Quiroga Santa Cruz de la Universidad Mayor de San Andrés, se desarrolló con éxito, acaparando una gran concurrencia de gente. Dicha disertación expuso la historia económica de Bolivia entre las décadas de los 20´s y 30 ´s, siendo expuestas por los historiadores y economistas Napoleón Pacheco y Alexis Pérez.

En próximas fechas se llevaran acabo otras exposiciones sobre la apertura de Bolivia al crédito internacional y la llegada de otras misiones financieras destacadas como la Misión de Marvin Bohan de 1942 y la de Jackson Eder de 1956. 

martes, 14 de julio de 2015

Sociedad Científica de Estudiantes de Historia se abre a la historia económica

La Sociedad Científica de Estudiantes de Historia, a la cabeza del univ. Alejandro Mérida, inició una serie de conferencias con temáticas históricas desde el seno del poder estudiantil de la Universidad Mayor de San Andrés en las aulas de la Carrera de Historia.
Las anteriores temáticas históricas de la Sociedad Científica de Estudiantes de Historia en temas de conferencias fue la historia social y política, la cuál se llevo bajo el titulo de Ciclo de Conferencias sobre Caciques Apoderados, llevándose a cabo en los días jueves 11 y viernes 12 de junio del año corriente. Para dicho certamen se contó con las presencias de los historiadores; Roberto Choque, Carlos Mamani, Luis Oporto, Pilar Mendieta y Ramiro Fernández, siendo mediador Alejandro Mérida.  
En esta ocasión, la Sociedad Científica de Estudiantes de Historia inicia su ciclo de conferencias con temáticas de Historia Económica, a partir de la Conferencia de Historia Económica Historia del Banco Central de Bolivia: Misión Kemmerer. El mismo contará con la presencia de los historiadores y economistas Napoleón Pacheco, José Peres Cajías y Alexis Pérez, siendo mediador Juan Pablo De Rada.

Agradecemos por dicha iniciativa a la Sociedad Científica de Estudiantes de Historia e invitamos a la gente interesada a dicha conferencia a realizarse en el Salón Auditorio de la Casa Marcelo Quiroga Santa Cruz (Calle 6 de Agosto / Esq. Aspiazu N. 2118) a horas 19:30 p.m. del día miércoles 15 de julio de 2015.      

Invitación a Conferencia de Historia Económica

La Sociedad Científica de Estudiantes de Historia, de la Universidad Mayor de San Andrés, tiene el agrado de invitarlos a la Conferencia de Historia Económica Historia del Banco Central de Bolivia: Misión Kemmerer. Dicho evento se realizará en el Salón Auditorio de la Casa Marcelo Quiroga Santa Cruz, a horas 19:30 p.m., del día miércoles 15 de julio de 2015.
Esta conferencia contará con la presencia de los siguientes invitados:
Lic. Napoléon Pacheco. Director de la Fundación Milenio, y profesor universitario de las Carreras de Economía y Ciencias Políticas de la Universidad Mayor de San Andrés.
Lic. Alexis Pérez. Catedrático de las Carreras de Sociología e Historia en la Universidad Mayor de San Andrés y de la Carrera de Economía en la Universidad Católica Boliviana.
Dr. José Peres Cajías. Catedrático de la Carrera de Economía en la Universidad Católica Boliviana e investigador de dicha entidad.
Será mediador Juan Pablo De Rada, miembro de la Sociedad Científica de Estudiantes de Historia.  
La misión del Dr. Edwin Kemmerer fue la causante de que el sistema económico boliviano abandone la Corriente Monetarista y se adapte a la Corriente Bancarista, como una manera de centralizar la emisión de circulante en el país. De esta forma, nació el Banco Central de Bolivia, el mismo que tuvo un impacto positivo en la creación y estabilización de nuevos rumbos financieros en Bolivia, causante de concebir la modernidad paceña en la década de los treintas y cuarentas con la llegada de los tranvías, nuevas industrias y grandes obras de ingeniería, así como fue la causa de la movilidad de capitales hacia el Oriente Boliviano a partir de 1936.

Entender su historia, es entender como Bolivia empezó a mirar la modernidad y su visión hacia el Oriente de una manera seria e institucional.    

Un historiador económico: Luis Peñaloza


Los pilares grises del antiguo Banco Central de Bolivia diseñados por el arquitecto Emilio Villanueva, se encontraban en desventaja ante la grandiosidad del magnífico edificio del Banco Mercantil, y no por los diseños que estuvieron en manos del diseñador Ismael Sotomayor, sino por el peso institucional que este tenia. En tiempos de economía liberal, el Banco Mercantil, en manos de Simón Patiño, tenía más peso que el Banco Central, el cual pertenecía a un Estado deslucido. Lo que invirtió las cosas fue la Revolución Nacional de 1952, fecha desde el cual las magnificencia del Banco Central creció ya que el Estado tomó las riendas de la economía nacional con la aplicación de una política keynesiana. 
Con los revolucionarios en el poder a partir de 1952, se inauguraba una nueva era en la economía boliviana. El Banco Central vio pasar a siete presidentes en la época de la entonces Revolución Nacional. Dichos directivos fueron: Armando Pinell Centellas, Franklin Antezana Paz, Luis Peñaloza Cordero, Eufronio Hinojosa Guzmán, Humberto Fossati Rocha y Raúl Lema Peláez.  
Sin embargo el personaje que nos interesa estudiar es el del economista Luis Peñaloza Cordero, presidente de la principal institución emisaria de circulante del país entre los años 1957 y 1960. De talante financiero destacado, el presidente de Bolivia de ese entonces, el doctor Hernán Siles Zuazo, había elegido a Peñaloza para que presidiera el Banco Central en un momento crucial: administrar las políticas financieras de la misión de Jackson Eder en dicha institución emisaria de moneda para así paliar el mercado negro del dólar que se había formado en 1956 a raíz de la crisis inflacionaria de dicho año.
El gobernante Hernán Siles Zuazo lo había elegido no sólo para presidir el Banco Central en momentos dificultosos, sino, por sus conocimientos detallados de la economía boliviana. Y es que Siles necesitaba no sólo de una persona conocedora de temas financieros para manejar la emisión monetaria en el país, sino tener un requisito indispensable: que debía conocer la economía nacional de pies a cabeza.
¿De cómo sabía Siles Zuazo que Peñaloza podía conocer la radiografía económica del país?, sin duda alguna por el material que Luis Peñaloza Cordero había dejado postrado en las librerías y estanterías archivísticas del país: sus libros de historia económica.
Luis Peñaloza había escrito libros destacados, como su obra magnánima; Historia Económica de Bolivia, del año 1946, la misma que sería reeditada en 1953, 1954, 1981 y 1984, ya bajo el titulo de Nueva Historia Económica de Bolivia.  Dicho texto, junto con el de Historia Financiera de Bolivia, de Casto Rojas, son los libros más destacados para entender la realidad histórica económica de Bolivia. Dichos estudios amplían el conocimiento sobre periodos como el coloniaje, el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en Bolivia.
Luis Peñaloza Cordero inició sus publicaciones e indagaciones en los temas concernientes a la historia económica de Bolivia a partir de las huellas que dejo la misión de Marvin Bohan en 1942. En términos prácticos, para encontrar los orígenes de los grupos de estudiosos que analizaban la historia económica boliviana, he catalogado dos grupos de estudiosos de la realidad histórica económica de la primera mitad del siglo XX, la de Edwin Kemmerer, la misma que dejo analistas nacionales destacados de la historia económica como la de los estudiosos Jorge Pando Gutiérrez, Jorge Palenque y el ingeniero Néstor Adriázola, y finalmente, la de Marvin Bohan, con economistas como Franklin Antezana y Luis Peñaloza Cordero.   
Un hito en los economistas formados por la escuela que dejo Marvin Bohan, es la Monografía Económica que escribió Luis Peñaloza Cordero para la Colección La Paz en su IV Centenario, el mismo que fue editado en 1947, y publicado en 1948, con motivo de la celebración de los cuatrocientos años de la fundación de La Paz.  Peñaloza analizó la historia económica del departamento de La Paz en un trabajo descomunal que hizo para la Comisión del Cuarto Centenario de la Fundación de La Paz.   
En dicho texto, el análisis histórico económico esta repartido en ocho capítulos: importancia de La Paz en la economía nacional, la industria fabril, La industria minera, agricultura y ganadería, comercio, vialidad - transportes - comunicaciones, la economía bancaria y el departamento y los ingresos fiscales. Para desarrollar un mejor análisis de la obra de Peñaloza en la Monográfica Económica que hizo al departamento de La Paz, vamos a aplicar la metodología de análisis comparativo entre este estudio, y los textos de la generación de historiadores y analistas económicos de la era Kemmerer.
Para empezar, debemos notar el grado de profesionalidad existente para abarcar dichos temas. En 1928, cuando la misión Kemmerer operó en Bolivia,  el “doctor Money” no sólo encontró problemas nocivos en temas estadísticos y financieros de la realidad económica boliviana, sino que también verificó un mal colateral: no habían especialistas en el tema que puedan conocer con celeridad el ámbito académico de la economía en suelos bolivianos. La revista Bolivia Económica, creada en 1931, a dos años de la llegada del doctor Edwin Kemmerer a Bolivia, expone temas financieros con soltura pero sin la especialización requerida. Su director, Néstor Adriázola, no ejerce la profesión de economista, sino la de ingeniero. Pese a ello, dicha revista recoge los primeros análisis económicos profesionales en Bolivia, y que de alguna forma mantiene el interés en estudiar los registros económicos de Bolivia en años anteriores. La revista recoge impresiones como la del mismo Dr. Edwin Kemmerer, en su artículo El patrón de oro. A la luz de los acontecimientos posteriores a la guerra (Kemmerer, 1931), o datos estadísticos de personas provenientes de la escuela de Kemmerer, como el demógrafo Jorge Palenque, en ese entonces Director de la Oficina Nacional de Estadística. Las apreciaciones de Palenque son destacadas, ya que recoge un análisis pormenorizado de la evolución de la población boliviana entre los años 1796, 1831, 1846, 1854, 1882 y 1900, en un artículo titulado La Población de Bolivia. La demografía, uno de los temas de interés de la historia económica (Palenque, 1931), esta presente de forma académica en el trabajo de Palenque. La datación estadística esta planteada en la revista Bolivia Económica, a través de un destacado censo de motorizados en toda Bolivia para el año 1931, trabajo por cierto desarrollado por el ingeniero Néstor Adriázola.
Con un grado de profesionalidad empírico pero destacado en la edición de la revista Bolivia Económica, para 1947, fecha en que Luis Peñaloza Cordero entregaba su Monografía Económica al Comité Pro Centenario de la Fundación de La Paz, dicho autor siguió esa línea conductora de sus predecesores al incluir datos estadísticos y análisis económicos de la realidad paceña. Peñaloza incluye datos no por nada menos destacables sobre la realidad bancaria de La Paz, a partir de datos precisos de los años 1940 a 1946, mostrando un interés por la situación de los capitales pasivos y activos en las instituciones financieras. El historiador económico francés, Jean Bouvier, describía que “no hay historia económica sin conocimiento económicos” (Bouvier, 1974), y es que Luis Peñaloza, en el apartado sobre industrias paceñas, no analiza la realidad socioeconómica desde las palabras o las teorías marxistas de aproximación laboral, sino que lo hace desde los números, desde los conceptos de ingreso fijo que cada trabajador tenía en los centros industriales que se formaron en la ciudad de La Paz de la década de los cuarentas, a raíz de la inversión en tres áreas destacadas: construcción, textiles y bebidas.
Su análisis de la situación laboral lo llevo a analizar el movimiento de tecnología y sueldos laborales entre los años 1934 y 1945, un decenio no por nada despreciable,  más aun si situamos a Bolivia en el contexto posterior del Crack de 1929 y la caída de los precios del estaño. Es a raíz de esta situación que los datos de Peñaloza son destacados, ya que el país, pese a los embates y ciclos económicos en bajada, en lo que se refiere a minería, no afectó considerablemente al sector de la construcción o el textil. Por ejemplo, gracias a los estudios de Peñaloza, se puede especificar que la inversión en construcción, en la ciudad de La Paz, aumentó considerablemente, donde la prueba de ello es la movilidad de capitales de Perú hacia Bolivia en 1941, con la adquisición de la Sociedad Boliviana de Cemento por parte de la Casa Grace del Perú. Otro sector, fue el textil, situación destacada en la industria paceña, tomando en consideración las gigantescas factorías construidas en la zona de Villa Victoria y Achachicala a manos de inversores extranjeros como las Casas Said, Forno y Soligno, a fines del veinte y mediados del treinta del siglo XX (Peñaloza, 1948)  
Es también en dicha publicación, donde Peñaloza saca su espíritu de que se hace patria a partir del desarrollo industrial. Al igual que Sergio Almaraz recogía el espíritu industrial de Mariano Peró y su factoría metalúrgica de estaño de Funestaño, Luis Peñaloza Cordero también es un admirador del espíritu emprendedor de los varones y mujeres de este país. En el texto de la Monografía Económica, destaca la labor de empresarios emprendedores como el minero Rafael Taborga, en el que destaca su oficio de crear una economía de escala al diversificar sus intereses económicos hacia otras áreas y generar industrias:
“y en el mismo periodo pudo contarse, gracias al espíritu de empresa del industrial minero Rafael Taborga, con una moderna fábrica de cartones, una verdadera fábrica de muebles que fué una de las primeras maestranzas de madera en escala industrial, y la fábrica de velas La Victoria”. 
(Peñaloza: 1948: 35)
La obra de Peñaloza es más incisiva y certera que la de sus predecesores. La formación de economista lo llevó a realizar incursiones no sólo en el mundo académico, sino en el político. La otra faceta de Peñaloza es el del fiel partidario al Movimiento Nacionalista Revolucionario ya sea en funciones de gobierno y militante. Ello hizo que para el año 1962, en conmemoración de los diez años de la Revolución del 9 de abril de 1952, el Director Nacional de Informaciones del momento, Jacobo Libermann, le pidiese realizar todo el bosquejo económico de Bolivia en el periodo 1952 – 1962, publicándose así el texto, Bolivia: 10 años de revolución, editado en abril de 1962. Peñaloza se encargaría de analizar y realizar las concepciones numéricas y analíticas de uno de los capítulos de dicha publicación, Industria: Un esfuerzo para mejorar la estructura económica del país. Al igual que en la Monografía Económica de 1948, dicho autor elabora un bosquejo de las inversiones estatales en el sector industrial a través de datos históricos que abarcan a una década, y de su comparativa con otros años. Es gracias a dicha investigación, que el investigador, por ejemplo, se adentra a las proyecciones econométricas de la producción de azúcar entre los años 1949 y 1961, y de cómo esta aumentó considerablemente de la pequeña producción azucarera de 249 toneladas producida en el país en 1949, a la espectacular cifra de las 41152 toneladas de azúcar elaboradas en Bolivia en el año 1961.    

En fin, la obra de Luis Peñaloza Cordero es destacada por sus análisis certeros de la época, y por la búsqueda de constituir una historia económica en base a datos numéricos y análisis exponenciales en ciertos procesos históricos. La misión de Marvin Bohan nos dejo un grupo que plantearía un segundo intento de hacer historia económica en Bolivia después del grupo de analistas formados en 1928 con la llegada de Edwin Kemmerer. He aquí un dato destacado y especifico, el desarrollo de la historia económica como materia de análisis económico de los procesos y ciclos económicos, tuvo su momento de mayor logro con cada misión financiera que llego al país, si tomamos en cuenta las misiones mas trascendentales del siglo XX en Bolivia: Edwin Kemmerer (1928), Marvin Bohan (1942) y Richard Mundgrave (1976). 

Cuestión de Tiempo: La Autopista La Paz - El Alto


El economista francés Jacques Attalí menciona que el principal enemigo del capitalismo es el tiempo. Su tesis se basa en que el tiempo es lo único que el capitalismo no puede producir ni almacenar, tan solo le queda administrarlo efectivamente. A medida que la historia avanzó, gracias a la tecnología y a las ideas modernizantes de cada época, las ciudades de La Paz y El Alto aprenderían a administrar su tiempo. 
En la Colonia
La historiadora Laura Escobari en su texto Caciques, Yanaconas y Extravagantes describe que la ciudad de La Paz se encontraba a media legua del Altiplano.  Esta aproximación la destaca en base a los informes que el máximo responsable de dicha urbe, el corregidor Cabeza de Vaca, mencionó en el año 1586.
En base a los datos de dicha autora y los informes del cronista Fray Reginaldo de Lizárraga en su texto Descripción del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile, se calcula que para los arrieros de mulas y llamas de  aquella época, la subida hasta El Alto les tomaba aproximadamente una hora de trajín.
Desde los comienzos de la República
El arquitecto Álvaro Cuadros en su libro La Paz, destaca que para el año 1845 el entonces gobierno local autorizó el mejoramiento de la vía que partía hacia El Alto.
En 1877 el ingeniero civil Leonardo Lanza realizó un plano cartográfico de la ciudad de La Paz en el cual se destacaban cuatro vías a El Alto. Esas rutas eran las dos carreteras que desde tiempos de la colonia habían cumplido su rol de vincularse con Lima y Potosí. Además de dichas rutas, dos caminos más se añadían a esta red vial, los mismos que salían de los barios paceños de San Francisco y San Pedro respectivamente. 
El tiempo de subida por dichas rutas era el mismo que el de colonia ya que esto no variaría hasta el año 1904.
Bajo los caminos de hierro
Según el libro Bolivia de la autora británica Marie Robinson Wright, el mismo que fue editado en el año 1906, para la gestión de 1904 el gobierno central de ese entonces optó por un préstamo de cincuenta mil libras esterlinas a la Peruvian Corporation, con el objeto de construir un tranvía eléctrico entre La Paz y El Alto. En base a la inflación de nuestra época, ese monto de dinero equivaldría a siete millones de dólares de hoy.
Dicho transporte eléctrico fue terminado a fines del año 1905, el mismo que contaba con un trayecto de nueve kilómetros habilitados.
Para cubrir dicha ruta se importaron tres locomotoras eléctricas patentadas en los Estados Unidos. Estas maquinarias subían la cuesta a una velocidad promedio de dieciocho kilómetros por hora.
En resumen, se había logrado reducir el transporte entre estas dos localidades a solo treinta minutos. 
Dicha invención eléctrica funcionaria hasta el año 1917, fecha en el cual se construiría un nuevo terraplén para la ejecución del ferrocarril a vapor que uniría La Paz con El Alto para así vincularse a las líneas de trenes que partían hacía el interior del país y los puertos del Océano Pacífico. 
El cemento se hace presente
En el mes de enero de 1971, en inmediaciones del Paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés, el ingeniero boliviano Hugo Guzmán Prado, quien diseñara varias carreteras y autopistas en la República Argentina, detalló un informe técnico completo de todas las propuestas de autopistas proyectadas para la ciudad de La Paz.
En este estudio se menciona que para el año 1963 el gobierno central le encomendó a la Consultora Stanley Engineering Co. el diseño de una autopista para La Paz. Este sería el primer proyecto serio sobre una red vial de alta velocidad para la población paceña. El mismo arrojó los resultados de que el proyecto vial debía entrelazar a La Paz con El Alto por el norteño barrio de Pura – Pura.
El costo de este proyecto ascendería a los tres millones novecientos mil dólares de la época.
Sin embargo en 1970 se realizó otro estudio esta vez con la participación de técnicos nacionales. Este determinó considerar la misma ruta por la zona de Pura – Pura pero a un coste de once millones ochocientos mil dólares americanos de aquellos tiempos.
Para ejecutar los desembolsos de créditos con miras a la construcción de esta vía se presentaron tres entidades: las constructoras, Bartos y Cía. y Combo - Petricevic, y el Banco Interamericano de Desarrollo.
La problemática de ambos estudios radicaba en la expropiación de terrenos a más de ochocientas familias, suceso que iba a generar incertidumbres sociales.
El planteamiento de la autopista por la zona de Obrajes la realizó la empresa consultora española Estudios y Proyectos Técnicos de Ingeniería Sociedad Anónima (EPTISA). Dicho estudio se lo planteó en el año 1968.
El mismo tramo comprendía la vinculación de las zonas de Obrajes, Calacoto, Aranjuez, Mallasilla y Achocalla hasta empalmar con El Alto.
En 1970 la Empresa Boliviana Ingenieros Consultores realizó un segundo plan de factibilidad en base a la propuesta de la compañía EPTISA. Dicho estudio abarcaba la construcción de la autopista desde uno de los costados del Río Choqueyapu en la zona de Obrajes. 
Ambos proyectos por el sur de la ciudad de La Paz tendrían un costo estimado de tan solo siete millones de dólares de la época.  
Cuestión de tiempo
Según el informe de Guzmán Prado, la autopista por Pura – Pura propuesta en 1970 tendría una longitud de diez kilómetros de trayectoria. Según los cálculos económicos, la obra estaría sobrevaluada en tres veces su costo.  
La autopista por Obrajes tendría una longitud de veinte kilómetros.
La diferencia entre ambas vías radicaba en la velocidad y el tiempo.
En la vía por el norte la velocidad permitida sería de tan solo ochenta kilómetros por hora a causa de las varias curvas del trayecto. Pese a este inconveniente, en el mismo se podía transitar hacía El Alto en tan solo ocho minutos.
La vía por el sur en cambio, permitía una velocidad de hasta cien kilómetros por hora debido a las pocas curvaturas del mismo.  El recorrido del mismo era de doce minutos a la máxima velocidad permisible.
Pese a las alternativas, el proyecto de la autopista a El Alto por Pura – Pura se impuso en el año 1976, obra que sería ejecutada por la empresa Bartos y Cía.

En fin, la idea de entrelazar La Paz y El Alto desde los excesivos sesenta minutos de la Colonia hasta los tan solo ocho minutos del siglo XX, nos demuestra que estas dos urbes aprenderían a administrar su tiempo gracias a la evolución de la tecnología de cada época. La tesis de Jacques Attali se manifiesta en la función vital que cumplen las vías de alta velocidad para el desarrollo de un capitalismo efectivo, situación que se dio en la construcción de la Autopista La Paz – El Alto. 
(Publicado en el diario Página Siete, febrero de 2013)

La guerra que perdimos por tener un solo banco

Un 20 de octubre de 1904 las paredes de abobe del Honorable Congreso Nacional se cernían sobre un tratado firmado con Chile. Ahí en ese momento el país se cerraba del mundo, omitiéndose de las aguas bravas del Océano Pacifico. ¿Perdimos la guerra por la vía diplomática y los caminos pedregosos de la Guerra?
La situación de Bolivia ante dicho conflicto se resume en una palabra: perdimos la guerra por un factor económico, pero no por con un tema comercial con el Imperio Británico, o las tesis que se han venido sosteniendo entorno a esta idea. Perdimos por la fragilidad económica de nuestro país, aquel que no se podía batir a las fuerzas metálicas de las libras esterlinas.
Para 1879, fecha en que las costas de Atacama estaban siendo invadidas por las armas y cañones del país de la estrella solitaria, estrella blanca empapada en azul que se autogobernaba por la fuerza y no por la razón, Bolivia tan sólo poseía un banco operable que emitió un préstamo necesario para el país en tiempos de necesidad ante la invasión del enemigo: el Banco Nacional de Bolivia. Concebido en 1867 bajo el nombre de Banco Boliviano, y modificada su personería jurídica en 1871, para el año siguiente el Banco Nacional de Bolivia entraba en escena convirtiéndose en la primera institución bancaría moderna que todavía se dejaba guiar por la corriente monetarista (Peñaloza, 1948). Hasta la creación del Banco de la Nación de Bolivia en 1914, Bolivia vivió entre 1871 y 1914 bajo los designios de la corriente monetarista, la misma que llegaría a su ocaso en 1914, para sepultarse definitivamente en 1928 con la creación del Banco Central de Bolivia a manos del “genio” de la Universidad de Princeton, el economista Edwin Kemmerer.   
El Banco Nacional de Bolivia, concebido bajo el olor fuerte que emanaba la plata potosina en medio de socavones centenarios, era el primer intento de modernizar el sistema financiero boliviano a partir de la banca privada, lejos de los fallidos intentos de 1867 y de la escasa participación histórica del Crédito Hipotecario de Bolivia en 1869.  El Banco Boliviano fue creado en 1869 a partir de la Crisis Presupuestaria de Bolivia del año 1866, el mismo que permitió la llegada de nuevas cotas de inversión al país a través de la adquisición de un préstamo del Banco Garantizador y de Valores de Chile (La Época, 1866), desembolso que inició al país en el sistema de deudas internacionales en el aspecto financiero.  

Cuando empezó el conflicto de la Guerra del Pacífico, tan sólo el Banco Nacional de Bolivia estaba en condiciones de emitir un préstamo al gobierno central para paliar el tema armamentístico. Dicho préstamo ascendió a la cifra de 600 mil bolivianos de la época, situación que no mejoraría ya que los pagos al estado fueron extenuantes (Peñaloza, 1948).
Para 1879, el país transandino tenía un total de 9 entidades financieras. El estado chileno, por medio del decreto número 100 del año 1878, convocaría para que dichas instituciones le prestasen al gobierno la suficiente cantidad de dinero para paliar la Crisis  Financiera  de 1878, en Chile. Para 1879, con motivo del inicio de acciones bélicas entre ambas naciones, el estado chileno decretó que las 12 entidades financieras redujeran su tasa de interés en préstamos al estado (SBIF, 2013).
Las entidades financieras del país transandino fueron: Banco Agrícola, Banco Mobiliario, Banco de la Unión, Banco de la Alianza, Banco de Ossa i Ca., Banco Consolidado, Banco Nacional de Chile, Banco de D. Matte i Ca., y Banco de A. Edwards i Ca.

Chile no sólo estaba militarmente preparado para la guerra bélica que iba a desafiar la bandera de la estrella blanca ensimismada en su azul periférico contra los estandartes tricolores de Bolivia o el color sangre y blanco del Perú. Con el poder de la moneda circulando en su economía, con ese sonido metálico sosteniendo las pasiones comerciales de los hombres, Chile a la hora de la verdad pudo paliar la situación de la crisis bélica con sus nueve bancos prestamistas, mientras que Bolivia no sólo estaba desarmada a nivel bélico, sino lo peor, estaba desvalida en sus arcas. Bolivia estaba lejos de poder competir contra un país chileno que se dejo guiar por el sonido ensordecedor de las monedas no sólo a partir de la Misión Francesa de Jean Gustave Courcelle - Seneuil en 1851, sino por los envíos de divisas de los miles de chilenos que vivían en Little Chile, en San Francisco, en las costas californianas recién adquiridas por Estados Unidos a México, en medio de las riñas entre diversas nacionalidades en una ciudad que bordeaba las 150 mil almas bajo el resplandor del Oro Californiano.